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Que Ha Pasado Con 10 de Marzo de 2018

“Mi misión en la vida es la inclusión”: Paola Alcázar

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Foto: Josefina Villarreal.

Esta mujer es la reina de su hogar, pues vive rodeada de tres hombres: su esposo, Alberto Martínez, y sus dos hijos, Mateo y Samuel.

Daniela Fernández Comas @danielaferco

Luego de seguirle el paso a su hijo Sammy, rey Momo del Carnaval de los Niños 2018, Paola vuelve a sus proyectos, una lista que encabeza abrir el abanico de oportunidades para las personas con discapacidad en la ciudad.

No son las cinco de la tarde lo que hace que la brisa retumbe en cada puerta o ventana de su hogar. Es la ubicación, casi frente al mar, la que manda al viento soplar. 
 
Desde hace cinco años vive en Salgar, en su casa “soñada”. La mandó a construir junto a su esposo, poco tiempo después de regresar a su ciudad natal.
 
Dice que volvió en el 2000, casada, con un hijo y a un nuevo trabajo. Llegó diferente  la barranquillera que a los 17 años abrió sus alas para volar a la capital del país y estudiar lo que quería.
 
“Desde los 11 años supe que sería periodista. Me gané un concurso estando en el colegio y el premio era ser parte del primer grupo infantil de periodistas de la ciudad (Voz Infantil)”, recuerda la hoy profesional en esta materia.
 
En contra de las opiniones de su madre, que decía que “se iba a buscar la muerte a Bogotá”, ella decidió irse. Se inscribió en la Universidad Pontificia Javeriana, misma alma máter donde estudió uno de sus más admirados profesionales: Luis Carlos Galán.
 
“Él era javeriano, siempre seguí sus ideales, leía sobre él, por eso quise estudiar ahí mismo, aunque fuera una carrera distinta”, admite.
 
Como estudiante, siempre se destacó, nunca dejando de lado su inclinación por la fuente política. Tanto que, una vez graduada, llegó a cubrir temas de fuerte incidencia, como la muerte de Pablo Escobar, entre otros.
 
En su ejercicio se reencontró con quien hoy es su esposo. Lo había conocido antes, pues él dictó una clase a la que ella asistía, pero confiesa que “nada pasó” en ese tiempo.
 
“Fue mi profesor, pero empezamos a salir cuando ya éramos colegas. Trabajamos juntos en Presidencia, en el gobierno de César Gaviria”.
 
Se enamoraron, se ennoviaron, se casaron y a los seis meses quedó embarazada de Mateo. Pero a los cuatro años de esto, una puerta se abrió, específicamente la de oro de Colombia.
 
“Varias veces hablamos, Alberto y yo, sobre volver a Barranquilla, Cartagena (él es cartagenero), o a alguna ciudad del Caribe. Hasta que se dieron las cosas y nos vinimos para acá”.
 
Regresó para quedarse. Paola es amante de su ciudad y sus raíces. Le encanta viajar, pero es aquí donde le gusta estar. En la Arenosa ha durado la mayor parte de su vida, no solo de joven si no también laborando. Ha sido Directora del Programa de Comunicación de la Universidad el Norte y Directora de Comunicaciones de Electricaribe. Ahora es profesora de la asignatura Seminario de Comunicación (una de las más ‘cuchillas’, debo admitir) y Directora de Extensión de esa institución. 
 
“A veces me dicen que no tengo de qué más hablar, pero la inclusión es mi mochila, la llevo siempre”.
 
Es arraigada a Dios y en su casa tiene un espacio para orarle a la Virgen de Guadalupe, a quien se aferra en todo momento, desde que vivió en México durante dos años.
 
Pero si algo podemos destacar, entre todas las virtudes que puede tener esta bella mujer, es su “pasión por hacer las cosas bien”. Como alguien le dijo alguna vez, “a Paola nada le queda grande. Cuando tiene un reto ya ella sabe qué va a hacer”.
 
De hecho, esa fue la frase que la hizo ponerse en pie en 2006, cuando de su duelo no salía. El duelo de recibir la noticia de que su segundo hijo había nacido con discapacidad visual. 
 
“Supe, desde que nació, que algo en sus ojos no estaba bien. Pura intuición maternal, pero me dijeron al día siguiente. En ese momento hice lo que hace cualquier persona en una situación difícil. Me preguntaba por qué, por qué a mí, me encerré en el cuarto con mi hijo y no hablaba, no quería ver a nadie, hasta que contesté una llamada que me hizo parar de la cama”. 
 
Su período de tristeza profunda le duró solo unos días. Tenía que ponerse manos a la obra. 
 
Desde entonces no ha dejado, ni un solo día de su vida, hablar de la inclusión. Bromea que incluso hay personas que le preguntan que si ella no tiene otro tema para hablar. Con respeto y seguridad contesta que no. 
 
“La inclusión para mí es como una mochila. La llevo conmigo todo el tiempo. Es como el periodista (...) nunca deja de serlo. Siempre ve dónde puede estar la noticia. Yo siempre voy a estar viendo qué puede mejorar”.
 
Retos, no problemas.  En su día a día, dice que se enfrenta a retos que la vida le pone, no a problemas. Como tener un hijo que no puede ver. “No es nada diferente a tener un hijo que sí lo puede hacer”, asegura.
 
Sammy, como de cariño le dicen a su hijo Samuel, nació ciego, sin embargo es un niño barranquillero como cualquier otro. “Es el ser más barranquillero que conozco”, dice su madre.
 
Es extrovertido, inteligente y con grandes capacidades para el arte. Toca el piano y le encanta la champeta. Lo pude apreciar no solo en sus presentaciones en Carnaval. A las 5:30 p.m., en punto, cuando termina de hacer sus tareas, pone su música ‘a todo timbal’. Tan duro que casi no me deja escuchar. “Eso es religioso”, se ríe Paola.
 
 Conseguir un cupo en el colegio Real-Royal School para Sammy, crear el programa Uninorte Incluyente y ser la consejera de personas que le preguntan “¿cómo lo haces?” son algunas de sus aportes a que la ciudad “sea más abierta con el tema”. Aportes en los que trabaja esta mujer luchadora, de sol a sol.
 
“Ojalá llegue un día que ya no tenga que hablar de inclusión. Así como quiero que no se tenga que hablar más de racismo, o de equidad de género. Pero esos temas van más avanzados. Y aunque yo siento que he aportado mucho, y he puesto mi granito de arena para el cambio, en Barranquilla el tema de inclusión sigue estando en pañales”.

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