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Perfil 12 de Mayo de 2018

Amalín, Judy y Mayra, unidas por la sangre y el diseño

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Foto: Orlando Amador Rosales

Daniela Murillo Pinilla- @DanielaMurilloP

Amalín de Hazbún afirma que trabajar de la mano de su hija Judy Hazbún y, recientemente, con su nieta Mayra Avendaño ha sido una experiencia que la llena de tranquilidad, pues serán ellas las encargadas de conservar su legado.

Si de personalidad se trata, las barranquilleras Judy Hazbún y Mayra Avendaño son totalmente distintas. Mayra, nieta de Amalín, refleja la unión entre “arte y estructura”, es amante de los horarios, de los métodos y de analizar cada proceso de la confección. Por su parte, Judy ha logrado tejer un camino donde la creatividad y la inspiración son protagonistas, es partidaria del saber “crear en el desorden”, aunque confiesa que últimamente ha tratado de poner “un orden a su día a día”. 
 
Pese a que desarrollan sus proyectos de vida de una manera diferente, existe un rasgo en el que ambas coinciden: son apasionadas por la moda y el diseño, un gusto que han heredado de su madre y abuela, Amalín de Hazbún. 
 
“Cuando a mi mamá la nombraron ‘Aguja de Oro de Colombia’ yo tenía 10 años. En ese entonces, al igual que hoy, sentía fascinación por su capacidad innata de transformar las telas en hermosos diseños, su talento por hacer patrones al instante y de adoptar todo esto a la silueta de cualquier mujer y hacerla lucir de una manera excepcional. Siempre supe que este conocimiento debería llegarle a más personas”, contó Judy. 
 
Del mismo modo, Mayra, hija de Amalín (la mayor de los hermanos Hazbún), guarda consigo recuerdos similares. Fue la primera nieta de la familia, por lo que además de ser “la consentida”, desde muy pequeña 
disfrutaba compartir su tiempo con su abuela. 
 
La alegría es el sentimiento que mejor distingue a estas tres generaciones. 
 
“Yo viví hasta los cuatro años en la casa de mi abuela. Después nos mudamos a un apartamento mi mamá y mi hermana, que es un año menor que yo. Pero aun así, íbamos los fines de semana a visitarla y aprovechábamos para subir a su taller y hacer aventuras. Nos escondíamos enlas telas, nos disfrazábamos, nos poníamos los vestidos de las clientas sin que nadie supiera y hasta usábamos los velos de novia. Nosotras crecimos entre las telas, los botones y los hilos”, añadió Mayra. 
 
No obstante y, a pesar de sentir esta gran afinidad, Mayra siguió su propio camino y decidió estudiar Derecho en la Universidad del Norte y, tiempo después, viajó a Francia para realizar tres maestrías. Sin embargo, con todo el éxito que logró en esta profesión asegura que no “se sentía totalmente plena en aquel tiempo”. 
 
“En el colegió siempre me caractericé por ser una buena estudiante y por alguna razón en ese entonces existía la idea de que si tenías un buen rendimiento académico, no podías ser al mismo tiempo creativo. Fue por eso que decidí involucrarme con el Derecho, pero un día, cuando estaba a punto de iniciar un doctorado en Ciencias Políticas, me dije a mí misma que necesitaba un cambio y que no podía continuar haciendo algo que no me llenara como persona”, afirmó Mayra.
 
Fue entonces cuando decidió estudiar Diseño y empezó a trabajar con diseñadores pequeños, pues su idea siempre fue “aprender de cada proceso, desde cómo hacer una colección hasta la creación de un plan de negocios”. 
Después pasó a Nueva York y allí se involucró con el trabajo de diseñadores emergentes y logró relacionarse con personajes del mundo de la moda como Anna Wintour y Nina García.
 
“Con esta experiencia, poco a poco fui entendiendo de la importancia de las marcas y de sus historias y como mi intención siempre ha sido hacer cosas grandes, me di cuenta que con el trabajo de mi abuela tenía un legado y una base sobre la cual se podía construir. Decidí volver a Barranquilla después de muchos años de estar por fuera, para trabajar junto a ella”, aseguró Mayra. 
 
La dinastía de oro. Ya van dos años del regreso de su primera nieta y Amalín de Hazbún afirma que su llegada ha significado para ella una “alegría muy grande” en lo personal y en lo profesional. 
 
 “Con ella conformamos un trío de diseñadoras en la familia. Me siento muy contenta porque siento que es un regalo que Dios me dio. Tener a una hija y a una nieta haciendo lo mismo que a ti te gusta es algo maravilloso y aquí estamos.  Judy con su empresa y Mayra y yo trabajando juntas, ella con unas ideas muy frescas y yo como siempre lo he hecho hace más de 50 años”, resaltó.  
 
Según Judy, el amor se ha convertido “en el motor” que se ha encargado de fortalecer la unión de la familia. 
 
Mayra asegura que en el día a día han ido aprendiendo “cómo trabajar exitosamente en equipo”, pues las dos tienen “una manera distinta de hacer las cosas”. 
 
“En ocasiones no es fácil, porque hemos chocado en algunas decisiones. Por ejemplo, ella tiene una habilidad impresionante para hacer rápidamente moldes y los patrones, los hace por sentido común y gracias a su experiencia. Mientras que a mí me enseñaron con ciertas reglas y números, pero lo importante es que se trata de un trabajo en el que ambas aportamos”, manifestó Mayra. 
 
Por otro lado, Judy establece que, en los 32 años que lleva liderando su empresa, no existe un solo día en el que no haya hecho un homenaje a su madre, pues siempre le ha admirado “su pasión, disciplina, amor propio y la manera como ella cree en sí misma”. 
 
Asímismo, para Mayra, su abuela “solo representa amor”. Afirma que se siente profundamente maravillada por su “elegancia y tenacidad” y la forma como ella tiene la capacidad de “disfrutar la vida al máximo”. 
 
Y Amalín se siente satisfecha. Compartir su legado con su familia se ha convertido en uno los hechos más importantes de su trayectoria como diseñadora de moda. 
 
“Mi vida siempre ha sido improvisada. A mí se me han ido presentando las cosas y yo por lo general pienso en la importancia de vivir el día. Cuando me veo con ellas dos yo siento, más allá de la alegría y de la satisfacción, la tranquilidad de saber que mi legado va a quedar vivo. Antes me daba dolor pensar que tanto esfuerzo que he hecho por este proyecto se fuera a quedar en el aire. Si tengo que irme algún día, y eso que ya ni me preocupa saber qué día será, estoy tranquila”, afirmó Amalín. 
 
Por lo pronto, estas mujeres del Caribe manifiestan que continuarán trabajando por seguir contribuyendo al estilo de la mujer de esta tierra. 
 
Continuar contribuyendo a la moda del Caribe es uno de los propósitos de Mayra, Amalín y Judy.
 
“Yo puedo tener muchos años de experiencia, pero todos los días aprendo algo nuevo. Si hay algo de lo que estoy segura es que la mujer caribe es vanidosa, coqueta e inquieta por naturaleza. Si hay una tendencia que está predominando, a los dos días ya se puede ver esta moda por las calles y en reuniones”, agregó Amalín. 
 
De acuerdo con Judy, ese empeño en lo laboral se ve reflejado también en su unión como familia. Añade que, a pesar de los problemas que pueden surgir, “todos son maestros y alumnos de todos”, pues nadie puede resistirse al amor que los une, “el motor de vida de todo ser humano”. 
 
 “Yo siempre he dicho que Dios hace milagritos en mi familia y todos los días me siento agradecida por eso”, concluyó Amalín.  

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