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Invitado 04 de Mayo de 2019

La misión médica y humanitaria de Patrick Wilkmann

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Foto: Orlando Amador.

Este enfermero anestesista e ingeniero clínico técnico en medicina tiene más de 30 años de experiencia laboral. Ha dedicado gran parte de su vida a compartir sus conocimientos con comunidades de países africanos.

Daniela Murillo Pinilla @DanielaMurilloP
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Ser testigo de la sonrisa genuina de un niño es la principal motivación de Patrick Wilkmann a la hora de emprender sus proyectos profesionales y “brindar una mano al prójimo”. 

Nació en Estocolmo, Suecia, es enfermero anestesista e ingeniero clínico técnico en medicina. Durante treinta años estuvo realizando trabajo clínico en el Hospital Universitario Karolinska en su ciudad natal. Tras culminar su paso por esta institución, se vinculó a la industria y el desarrollo de equipos e insumos médicos. 

“Actualmente estoy trabajando en Kanmed, es una empresa sueca que ha estado en el mercado durante 30 años. Trabajamos para resaltar la importancia del calentamiento en la neonatología y cuando un paciente ingresa a un quirófano, ya que es un factor muy importante a la hora de aplicar la anestesia y que el paciente se sienta mejor, sin dolor”, explicó Wilkmann. 

Precisamente, una de las más recientes innovaciones de esta organización es un sistema de calentamiento para bebés que consiste “en una cuna y una unidad de control que le proporciona el calor adecuado al paciente mediante una placa térmica con un colchón de agua y un nido de contención, que también favorece la intervención de los padres en el cuidado del recién nacido en las clínicas”. 

Un objetivo

Además de su trabajo en esta empresa, Patrick ha dedicado una gran parte de su vida a trabajar con comunidades de países africanos como Tanzania, Kenia, Benín, Nigeria, Somalia y Etiopía. 

“He tenido la oportunidad de vincularme a un grupo español que se llama África Directo. Con ellos mi labor ha sido llevar herramientas médicas fabricadas en Suecia y España. Esta maquinaria la he conseguido gracias a ingenieros de medicina en Suecia, ya que allí nosotros cambiamos los equipos cada cinco años, sin importar si funcionan o no. Siempre tenemos que estar renovándolos. Muchos de los que están en buen estado me los dan y yo los llevo a África, les cambiamos el idioma y hacemos las respectivas instalaciones en centros médicos de este continente”, contó. 

Además, asegura que su misión es enseñar y capacitar a los locales a usar apropiadamente estas herramientas. Del mismo modo, manifiesta que es fundamental “compartir en este territorio los conocimientos médicos”.

“No se trata de llevar tanta maquinaria avanzada como incubadoras o ventiladores. Pues muchos de estos aparatos necesitan de una temperatura establecida para su mantenimiento, así como también es posible presenciar fallas en la electricidad. Estos equipos tecnológicos no funcionan en estas condiciones. Hay que llevar equipos básicos y que puedan resistir a estos cambios del entorno”, dijo. 

Patrick aún recuerda que fue gracias a su trabajo con una estudiante de enfermería del Kilimanjaro Christian Medical Centre que pudo llegar a conocer la realidad del panorama médico en África.

Patrick durante una de sus visitas al Kilimanjaro  Christian Medical Centre en Tanzania.  

“Me invitó a conocer el hospital y desde ese momento supe que ellos necesitaban de muchos conocimientos básicos de higiene: cómo limpiar y organizar los instrumentos y cómo trabajar con los sistemas de incubación. Ya que si esto no se hace apropiadamente, se facilita la aparición de infecciones”, comentó. 

En general habla siete idiomas: sueco, inglés, italiano, francés, español, alemán y suajili, una lengua africana. “Por el lado de mi padre tenemos familia de origen italiano y austriaco. Así aprendí el alemán y el italiano; también trabajé como guía turístico en España y estudié francés en Francia. El suajili me ha ayudado a relacionarme con la gente local en África”, manifestó. 

Del mismo modo, confiesa que los fines de semana, cuando no está en los hospitales de Tanzania o Kenia, suele brindar su ayuda a un orfanato. 

“Estando allí tomamos la presión de los niños. Los medimos y pesamos. Aprovechamos para cocinar, jugar fútbol y dormimos allí el sábado y el domingo. Me motiva trabajar por su bienestar porque soy consciente que estos niños no eligieron el país donde nacieron ni sus padres. Es una experiencia maravillosa ver su evolución y desarrollo”, puntualizó. 

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